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Veinticinco.

Llevas toda la vida soñando y de pronto, el mundo se te cae sin previo aviso.  Comprendí que mi vida era por y para la Historia. Retomé mis sueños y entré a la universidad gracias al apoyo de mi mamá. Lo que no sabía era el tormento de emociones que vendrían encima y que estaban en mi incluso desde antes de lo que creía.  Después del 14 de marzo del 2020 todo cambio, todos cambiamos. Yo no esperaba volver a encontrarme con una versión de mi destruida por si misma. Y allí estuvo, en abril me tuvo haciéndole daño a mi cuerpo, en mayo desesperada llorando y en junio con una de las personas que más quiero fuera de mi futuro y de mis planes.  Me hundí y me perdí totalmente.  La mujer que habitó mi cuerpo estuvo muerta en vida. Asumiendo duelos callada porque todos sufríamos. Asumiendo tristezas sola porque había gente pasando sufrimientos que para el mundo son reales, los míos no. Sentirse insuficiente para todo y todos, caminar como quien va sin querer encontrar sentido ...

Ninguna de estas palabras tiene rostro

Esto sólo es un juego: Imagine. Revierta. Cree. Crea en lo que acaba de crear. Cree de nuevo, sobre lo ya creado. Piérdase. No aparezca. Confúndase. Llore. Sienta miedo. Enamórese. Sea feliz. Escriba cartas. Escuche la melodía. Palpite. Llueva sobre el desierto. Desvanezca lo que creó en los primeros pasos. Sienta miedo por no encontrarse en sí mismo. Sienta miedo por entregarse a sus pálpitos. Miedo. Miedo. Deje su alma atrás. Abandone. Aléjese. Sea intermitente. Ya no hay miedo. Tampoco alguien. Alguien con quien ser y no estar. ¿Dónde quedó lo que lloró? Hay chocolate en la mesa. Bébalo. Justifique su cobardía en las señales del fondo. Nunca se vuelve igual de beber un chocolate o de un amor a medias. Nunca se restablece lo que creó como autoprotección en los primeros pasos. Se es siempre. Se está a veces. ¿Qué prefiere usted? Tranquilidad. Laméntese. Revierta. Vuelva. Camine. Pierda. Preg...

Presidio

Cómo olvidar, corazón, que estás dentro. Me he perdido, encontrado y recibido en los brazos de mil personas. Miré atardeceres desde la ventana en que esperabas mi llegada. Atardeceres con el sol del otro lado. Atardeceres que me dejaban sin luz y sin ti. Cómo reconocer, corazón, a la lluvia que quiere limpiarme y sigo sin permitirlo. Viajé muy lejos, dejé el equipaje en casa y dormí hasta hinchar mis ojos de tanto soñar con tus pasos regresando, suplicando por hallar mi camino. Guardé en una caja (sólo para ti, corazón) las partituras de la canción que cobra vida cuando tus ojos rodean mi cuerpo. Cómo olvidar, corazón, que estás dentro. Llené tres vasos de leche, sumergí los pétalos de aquella rosa que esperaba por mi en una caneca de basura. Bebí su contenido y logré encontrar, de nuevo en él, el sabor de tu compañía. Eres rosas, corazón. Eres vida rota a cada beso. Palabras sin sentido unidas por el afán de verte. Vacío. Como un abismo. Como esos abismos de los que n...

Delirios lunáticos

La luna me sigue. Dijo Laura mientras caminaba y mantenía su vista fija en el cielo. Recordé que a su edad yo también pensaba lo mismo, que soñaba con ser astronauta y convertirme en el azul de la noche. La luna no me sigue. Soy yo quien le sigo desde cualquier ubicación, porque amo su forma, es mi cómplice y escucha la música de mi pecho. Aunque, cómo Laura, me gustaría saber que soy yo a quien la luna sigue, a quien espera cada noche, a pesar de los Miles de millones de almas navegantes que la aman. Sin embargo, ¿Qué sería de mi si no siguiera a la luna? ¿Cómo habría sido la noche del 24 de febrero de hace un año si no confiara en ella? Ahora que perdí oportunidades, pasos y caminos, ¿A dónde me llevará su luz gris? ¿Cuántos años pasarán antes de volver a sentir a mí alma viva de nuevo? ¿Cuántas personas pasarán? ¿Cuantos aromas olvidaré?

Tarde de sol rosado

Hace un par de años, tomé la decisión definitiva de pintar las paredes de mi habitación de un color llamado "amarillo avellana". Me encantaba la idea que, así, las mariposas amarillas de Macondo irían a morir tranquilamente en el lugar del mundo que fue asignado para mi. Sin embargo, las mariposas aún no permanecen.   Van, vienen, revolotean, hacen ruido con sus alas, zumban en mi corazón, se roban mis neuronas y las tatúan en el aire. ¡Se las roban! ¡Las tatúan! ¡Me hacen imposible el poder retornarlas a mí!. Pero vale la pena porque las mariposas no llegan a morir aquí como era mi idea inicial. ¡Qué estúpida fui al creer que la muerte adornaría mejor mi vida que el susurro de la existencia! Las mariposas han llegado, pero no es cuestión de todos los días. Sólo llegan en las tardes de sol rosado. Las tardes de sol rosado ocurren normalmente a final de año, cuando estoy la mayor cantidad del tiempo en casa mientras mi alma viaja por diversos lugares. Digo que son de sol...

Sin título, ni fecha de caducidad

Al final, es cuando se puede percibir la profundidad de los hechos. Como ponerle el título a un libro, sólo es aconsejable, después de haber desarrollado su trama. No se acaba, no puedo permitir que acabe, sabiendo que nadie más podrá recordarlo. ¿Cómo podré evitar escuchar mi canción favorita, que es usted, al final de cada día? ¿De qué manera es posible hacer que el tiempo se devuelva y no me olvide? ¿No es, acaso, inevitable encontrar su fantasma en mi diafragma, allí incrustado en mis tejidos, latiente, eteréo, gris, sugerente? ¡INEVITABLE! No puede tener fin, el fin es la muerte, mueren las personas, duermen los recuerdos, desaparecen los sueños, se elevan los dientes de león, sus pasos permanecen, aunque el camino sea diferente. ¡INEFABLE! No dude, usted, de mis razones para no dejarle ir, al infinito sin mí.

Es Muss Sein

¿Cómo empezar a liberar el alma de mejor manera que escribiendo una pregunta que no tendrá respuesta? Tomé, hace algunos meses, una curva en mi camino que me terminó conduciendo al de una persona increíblemente hermosa. Entonces, comprendí que es imposible intentar separar la felicidad de la tristeza, es imposible creer que existen caminos porque sí. Le encontré en poesía, en las calles de mi ciudad, en mis vistas favoritas, en la música que amo, vistiendo de verde y alumbrando con sus ojos café. Inspiró, construyó, caminó, respiró, besó, trascendió y, finalmente, desapareció. Pero ya no es el dolor que sentí con su partida, lo que me lleva hoy a dedicarle más palabras de las que pueda alguien imaginarse. No. No duele saber que se fue, que no volverá, que debo olvidarle por completo. Nunca más estará su mirada clavada en la mía mientras acerca sus labios a los míos. Su camino ya no encontró más bosque que pudiera darle vida junto al mío y, con su partida, logró que mile...