Delirios lunáticos

La luna me sigue.
Dijo Laura mientras caminaba y mantenía su vista fija en el cielo.
Recordé que a su edad yo también pensaba lo mismo, que soñaba con ser astronauta y convertirme en el azul de la noche.

La luna no me sigue.
Soy yo quien le sigo desde cualquier ubicación, porque amo su forma, es mi cómplice y escucha la música de mi pecho.

Aunque, cómo Laura, me gustaría saber que soy yo a quien la luna sigue, a quien espera cada noche, a pesar de los Miles de millones de almas navegantes que la aman.

Sin embargo, ¿Qué sería de mi si no siguiera a la luna?
¿Cómo habría sido la noche del 24 de febrero de hace un año si no confiara en ella?

Ahora que perdí oportunidades, pasos y caminos, ¿A dónde me llevará su luz gris?
¿Cuántos años pasarán antes de volver a sentir a mí alma viva de nuevo? ¿Cuántas personas pasarán? ¿Cuantos aromas olvidaré?

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