Es Muss Sein
¿Cómo empezar a liberar el alma de mejor manera que escribiendo una pregunta que no tendrá respuesta?
Tomé, hace algunos meses, una curva en mi camino que me terminó conduciendo al de una persona increíblemente hermosa. Entonces, comprendí que es imposible intentar separar la felicidad de la tristeza, es imposible creer que existen caminos porque sí.
Le encontré en poesía, en las calles de mi ciudad, en mis vistas favoritas, en la música que amo, vistiendo de verde y alumbrando con sus ojos café. Inspiró, construyó, caminó, respiró, besó, trascendió y, finalmente, desapareció.
Pero ya no es el dolor que sentí con su partida, lo que me lleva hoy a dedicarle más palabras de las que pueda alguien imaginarse. No. No duele saber que se fue, que no volverá, que debo olvidarle por completo. Nunca más estará su mirada clavada en la mía mientras acerca sus labios a los míos.
Su camino ya no encontró más bosque que pudiera darle vida junto al mío y, con su partida, logró que miles de árboles reverdecieran dentro de mi alma. Posiblemente nunca sabré porqué decidió irse. Seguramente siempre le llevaré de manera implícita entre todo lo que lea y escriba, porque, aunque ya no le busque, al menos una vez al día le recuerdo sonriendo frente a mis versos.
Hoy liberé mi alma. Esta es la respuesta que estuvo buscando de mí hace unas semanas. Si, el alma de una mujer se libera al cortarse el cabello. Hoy liberé mi alma de su fantasma, irónicamente, al hacer lo mismo que esa persona hizo hace algún tiempo.
No pude más con el peso ni con la levedad. No pude ni siquiera terminar el libro. Tomás y Teresa, Sabina y Franz, ahora lo entiendo...
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