Tarde de sol rosado
Hace un par de años, tomé la decisión definitiva de pintar las paredes de mi habitación de un color llamado "amarillo avellana". Me encantaba la idea que, así, las mariposas amarillas de Macondo irían a morir tranquilamente en el lugar del mundo que fue asignado para mi.
Sin embargo, las mariposas aún no permanecen.
Van, vienen, revolotean, hacen ruido con sus alas, zumban en mi corazón, se roban mis neuronas y las tatúan en el aire. ¡Se las roban! ¡Las tatúan! ¡Me hacen imposible el poder retornarlas a mí!.
Pero vale la pena porque las mariposas no llegan a morir aquí como era mi idea inicial. ¡Qué estúpida fui al creer que la muerte adornaría mejor mi vida que el susurro de la existencia! Las mariposas han llegado, pero no es cuestión de todos los días. Sólo llegan en las tardes de sol rosado.
Las tardes de sol rosado ocurren normalmente a final de año, cuando estoy la mayor cantidad del tiempo en casa mientras mi alma viaja por diversos lugares. Digo que son de sol rosado porque siempre florece mi planta favorita al fondo de la casa cuando atardece el año en diciembre.
Las mariposas amarillas han notado que las ansío semana a semana y llegan de a cientos, de a miles desde el trece de diciembre a las tres de la tarde. Igual todos los años, es la rutina perfecta para emprender el viaje alrededor del sol rosado una vez más.
Sin embargo, sólo hasta este año entendí que significa el atardecer del sol rosado. El día está muriendo para darle paso a uno nuevo, todo el tiempo, es un circulo vicioso incansable del planeta. Y, aparentemente, es igual cada veinticuatro horas.
Pero no.
Caminé con quién me mostró un atardecer diferente cada día, hace algunos meses.
Por eso, la tarde de sol rosado nunca es igual cada año. Tampoco lo son las mariposas amarillas. Ellas aprenden a llegar desde diferentes Macondos y yo aprendo a quererlas, curarlas y quedarme con la esencia de su color que va tiñendo mi sangre con su amarillocorazónrotootravez.
Los soles rosados mutan de acuerdo a los pasos que doy en busca de lo que los latidos de mi corazón llaman "amor". Ahora, con el fantasma que vive dentro de los ventriculos de mi órgano palpitante, las mariposas están tiñendo mi sangre con el color de todas las tardes del año sinsolrosado y haciéndome ver que éste sol que busqué, como loca, dentro y fuera de las cincuenta y dos semanas del año; es el que siempre estuvieron deseando para regresar con colores propios de Macondo y no de mis tristezas acumuladas en sus alas.
Al final de todo, comprendo que mis soles rosados nunca se irán. Unos mueren, otros crecen. Unos alumbran más, otros tienen más bien luz negra. Pero, gracias a ellos, el color "amarillo avellana" de mi habitación se mantiene inerme en ella porque las mariposas nunca dejan de venir.
Sin embargo, las mariposas aún no permanecen.
Van, vienen, revolotean, hacen ruido con sus alas, zumban en mi corazón, se roban mis neuronas y las tatúan en el aire. ¡Se las roban! ¡Las tatúan! ¡Me hacen imposible el poder retornarlas a mí!.
Pero vale la pena porque las mariposas no llegan a morir aquí como era mi idea inicial. ¡Qué estúpida fui al creer que la muerte adornaría mejor mi vida que el susurro de la existencia! Las mariposas han llegado, pero no es cuestión de todos los días. Sólo llegan en las tardes de sol rosado.
Las tardes de sol rosado ocurren normalmente a final de año, cuando estoy la mayor cantidad del tiempo en casa mientras mi alma viaja por diversos lugares. Digo que son de sol rosado porque siempre florece mi planta favorita al fondo de la casa cuando atardece el año en diciembre.
Las mariposas amarillas han notado que las ansío semana a semana y llegan de a cientos, de a miles desde el trece de diciembre a las tres de la tarde. Igual todos los años, es la rutina perfecta para emprender el viaje alrededor del sol rosado una vez más.
Sin embargo, sólo hasta este año entendí que significa el atardecer del sol rosado. El día está muriendo para darle paso a uno nuevo, todo el tiempo, es un circulo vicioso incansable del planeta. Y, aparentemente, es igual cada veinticuatro horas.
Pero no.
Caminé con quién me mostró un atardecer diferente cada día, hace algunos meses.
Por eso, la tarde de sol rosado nunca es igual cada año. Tampoco lo son las mariposas amarillas. Ellas aprenden a llegar desde diferentes Macondos y yo aprendo a quererlas, curarlas y quedarme con la esencia de su color que va tiñendo mi sangre con su amarillocorazónrotootravez.
Los soles rosados mutan de acuerdo a los pasos que doy en busca de lo que los latidos de mi corazón llaman "amor". Ahora, con el fantasma que vive dentro de los ventriculos de mi órgano palpitante, las mariposas están tiñendo mi sangre con el color de todas las tardes del año sinsolrosado y haciéndome ver que éste sol que busqué, como loca, dentro y fuera de las cincuenta y dos semanas del año; es el que siempre estuvieron deseando para regresar con colores propios de Macondo y no de mis tristezas acumuladas en sus alas.
Al final de todo, comprendo que mis soles rosados nunca se irán. Unos mueren, otros crecen. Unos alumbran más, otros tienen más bien luz negra. Pero, gracias a ellos, el color "amarillo avellana" de mi habitación se mantiene inerme en ella porque las mariposas nunca dejan de venir.
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