Sin título, ni fecha de caducidad
Al final, es cuando se puede percibir la profundidad de los hechos. Como ponerle el título a un libro, sólo es aconsejable, después de haber desarrollado su trama. No se acaba, no puedo permitir que acabe, sabiendo que nadie más podrá recordarlo. ¿Cómo podré evitar escuchar mi canción favorita, que es usted, al final de cada día? ¿De qué manera es posible hacer que el tiempo se devuelva y no me olvide? ¿No es, acaso, inevitable encontrar su fantasma en mi diafragma, allí incrustado en mis tejidos, latiente, eteréo, gris, sugerente? ¡INEVITABLE! No puede tener fin, el fin es la muerte, mueren las personas, duermen los recuerdos, desaparecen los sueños, se elevan los dientes de león, sus pasos permanecen, aunque el camino sea diferente. ¡INEFABLE! No dude, usted, de mis razones para no dejarle ir, al infinito sin mí.