Para todo aquel interesado.

Puedes comenzar a escribir sin saber como hacerlo realmente, los dedos se deslizan ágilmente sobre el teclado de un computador o bien el lapicero en una hoja. Es algo a lo que muchos han intentado ponerle nombre, y debo confesarlo, para mí se ha convertido en la razón de mi existencia. Poco a poco me fui dando cuenta de la importancia que pesan sobre mi las palabras y las frases que con ellas formo, más allá de un medio de comunicación simple, son mi alma expuesta al mundo.

Un alma que a pesar de muchos intentos, personas y recuerdos, se ha perdido sin sentido en un mar de egoísmo que inventé para alejarme del dolor. Un dolor que es mi compañero, es quien me recuerda que sigo viva. Condenada a buscar un alivio que controle cada espasmo de infelicidad que chorrea por los poros de mi piel, invisible para los demás, una podredumbre para mí. Lejos de encontrarlo, mi mente se encamina en un proceso lleno de reminiscencias del pasado, no tan lejano, y tan carcomiente en mi cerebro. Nada puedo hacer contra ello, son ligeras sacudidas de remordimientos y de música que llenan mis sentidos sumiéndome en un profundo dolor. Vivo presa de mis inseguridades y premoniciones mal hechas, llena de ideas de como poder continuar sin el asomo de una lágrima en mi mejilla... lágrima que al decir verdad poco valor tiene, la razón de su encuentro con mi piel es simplemente el resultado de mis errores ya cometidos una y otra vez, sin descanso ni remedio.

Intento escribir como única salida, como respuesta a las largas horas de lectura despiadada de libros con hojas mohoseadas, llenas de color y de vida, repletas de palabras. Palabras que le pertenecen a aquel capaz de entrar en su propio mundo de dolor y miseria o bien, de alegría y amor para volver de allí con la inspiración suficiente para contarle al mundo que se pueden vivir mil vidas en mil libros. Aquel capaz de entregarle su alma a cualquiera, para que generalmente sea despreciada. Alguien capaz de entregarle su alma a un mundo aprisionado por un consumismo desenfrenado, lleno de almas confundidas que vagan por ahí, intentando de diversas maneras llenar vacíos en sus vidas, obteniendo como respuesta más vacíos luchando por alcanzar lo que el otro más afortunado tiene. Ese alguien que posee una profesión poco valorada, que termina vendiendo sus más puras respuestas en un anaquel olvidado entre un mundo de promesas que nadie cumple, que termina regalando su vida por unas cuantas monedas, pero quien tiene la importante misión de regalarle, a quien quiera recibirlo, un mensaje de esperanza.

Ansiosa por tener más y más cerca de mí una respuesta, insisto revoloteando entre todas las palabras que logro arrebatarle al incauto de momento, y cuyas sílabas reposan sobre mi cerebro causando en él una sensación de increíble reparo y descanso, que me atrevo a nombrar con lo contrario de mi estado permanente y eso es  felicidad. Sin embargo esa sensación es corta, y sólo deja a su paso más desolación al marcharse el autor de los mensajes que sacan lo mejor de mí, a cambio de tan poco.

Y es curioso ver como cada pequeña cosa puede generar las más extrañas sensaciones en mi, capaces de obligarme a pensar en cada momento que creí tener el mundo a mis pies, ¡Pobre ilusa!. Dejé pasar las mejores oportunidades y aunque soy plenamente consciente que vendrán muchas más al transcurrir de los años, sólo una vez se es joven, sólo una vez se tiene que aprender a vivir, y es por eso que me duele al pensar que no dije que lo que sentía cuando era oportuno. Vivo con esos fantasmas a diario y me culpo por haber llamado amigo a aquel que compartió mis lágrimas sólo por lástima y después se marchó dejándome sólo un recuerdo, sin embargo debo confesar que me alegra su felicidad aunque eso significó su marcha.

Todo esto para decirle a quien interese que estas palabras fueron fruto de una tarde nostálgica, llena de música vieja, con letras románticas y armonías simples que inundaron mi mente, y casi por acción involuntaria comencé a escribir. Sólo espero comenzar un nuevo camino a través de este medio, ya que no puedo escapar, ni quiero. A quien interese quiero que sepa que sigo extrañándolo de una manera absurda, que no entiendo que pudo pasar, pero que comprendo su lejanía. Lo quiero. No volveré a molestarle, cosa que al final se convirtió en algo común, lo siento.

Y al final me siento completamente libre de todo, cosa que durará muy poco tiempo, pronto cometeré los mismos errores y pagaré con creces sus consecuencias. Pero aún así siento que ya saqué todo lo que me produjo insomnio durante varias noches, asunto que me enorgullece, pues cada segundo fue valiosamente empleado en explorar esos rencores que había encarcelado para evitar enfrentar el dolor. No dejo de sentir lo mismo que antes de escribirlo, pero me justifico en esto para intentar comenzar a luchar por lo que quiero.


Para todo aquel interesado, gracias por emplear su tiempo en leer esto, que en últimas es una confesión dedicada a mi egoísmo y frialdad.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Veinticinco.

Es Muss Sein

Blanco y Negro a Color.