Un paracaídas.
A veces las palabras no son suficientes para decir todo lo que el corazón comienza a despertar en mi, a cada palpitar, esa sangre no está llena de glóbulos y oxígeno, no, está llena de pensamientos y sentimientos que se apoderan de tu cuerpo y te encierran en un círculo vicioso del que no encuentras la salida por más obvia que sea. No porque no esté, sino por no querer salir, de cierto modo el dolor te hace sentir vivo, más que eso, se vuelve tu realidad y te sientes feliz, aunque irónico, es así.
De pronto encuentras un eslabón más en esa cadena de sentimientos y suspiros, por fin, una que parece ser lo suficientemente fuerte como para dejarte escapar, y escapar contigo de ese mundo plástico en el que andas metida a la fuerza, del que eres prisionera y él también. Sabes que no hay nada que hacer allí, entonces recoges del suelo esas alas rotas por el peso de tantos errores y dolores.
Pintas un cielo lleno de mariposas y nubecitas blancas, para dormir en ellas cuando estés allá arriba ¡Por fin!
Sólo encuentras esperanza en esas palabras, en ese eslabón, sólo, sólo, sólo, sólo en él. Te das cuenta que piensas en que le dirás, que harás cuando lo veas, que sentirá con lo que le dices, que es eso tan mágico que te tiene atada en él, y sí, te liberas de una cadena para enredarte en otra. ¿Cuál es el problema? Esa cadena nueva parece ser perfecta para tí, para acomodarte en ella el resto de tu vida, ni siquiera eres alguien consiente del peso de tener vida, pero, sabes que podrás lograrlo todo en su compañía.
Sí, es un paracaídas, ese que nunca dejará que toques el suelo.
Pero al parecer así como llega igual se va: de la nada y por que sí. Eres una persona cerrada y estúpida, crees que el gira contigo y no contra tí, ves como se va, como no era diferente sino igual, como escapa con otra prisionera, de la misma manera como contigo, como duele, como duele hablar siempre con el jodido corazón en la mano para que antes de irse cada cual pueda darle una fuerte bofetada, eres ilusa, eres optimista, tal vez demasiado.
Y se rompió tu salvación. Sola y vacía caes de nuevo presa en la soledad de tus cadena quienes te reprimen por haber creído huir. Sólo fue una falsa alarma. Una como muchas y como ninguna. Abrazas tu nostalgia y te acuestas a dormir entre lágrimas y sentimientos, te sumerges en un sueño, reflejo de tu ideal de vida en el subconciente, reflejo de tu sentir.
Inhala, exhala. Una acción de un segundo que hace bombear sangre a todo el cuerpo, llevando consigo oxígeno, glóbulos y sentimientos, ya rotos de nuevo.
De pronto encuentras un eslabón más en esa cadena de sentimientos y suspiros, por fin, una que parece ser lo suficientemente fuerte como para dejarte escapar, y escapar contigo de ese mundo plástico en el que andas metida a la fuerza, del que eres prisionera y él también. Sabes que no hay nada que hacer allí, entonces recoges del suelo esas alas rotas por el peso de tantos errores y dolores.
Pintas un cielo lleno de mariposas y nubecitas blancas, para dormir en ellas cuando estés allá arriba ¡Por fin!
Sólo encuentras esperanza en esas palabras, en ese eslabón, sólo, sólo, sólo, sólo en él. Te das cuenta que piensas en que le dirás, que harás cuando lo veas, que sentirá con lo que le dices, que es eso tan mágico que te tiene atada en él, y sí, te liberas de una cadena para enredarte en otra. ¿Cuál es el problema? Esa cadena nueva parece ser perfecta para tí, para acomodarte en ella el resto de tu vida, ni siquiera eres alguien consiente del peso de tener vida, pero, sabes que podrás lograrlo todo en su compañía.
Sí, es un paracaídas, ese que nunca dejará que toques el suelo.
Al ver sus ojos sabes que es esa persona especial, tierna, hermosa, esa que con una hermosa sonrisa alegra tu mente así no esté junto a tí, así sea lejana o ajena, vale nada esos hechos, por el simple hecho de su existencia. Lentamente te das cuenta que ya forma parte de tí, y ha sacado lo mejor de tí con tan poco, que ya no crees ver una mañana si esa compañía. Vuelves a encontrar tu agenda vieja y un esfero, vuelves a tener la fuerza necesaria para escribir, vuelves a recuperarte, vuelves a sentir eso que supuestamente es felicidad.
Pero al parecer así como llega igual se va: de la nada y por que sí. Eres una persona cerrada y estúpida, crees que el gira contigo y no contra tí, ves como se va, como no era diferente sino igual, como escapa con otra prisionera, de la misma manera como contigo, como duele, como duele hablar siempre con el jodido corazón en la mano para que antes de irse cada cual pueda darle una fuerte bofetada, eres ilusa, eres optimista, tal vez demasiado.
Y se rompió tu salvación. Sola y vacía caes de nuevo presa en la soledad de tus cadena quienes te reprimen por haber creído huir. Sólo fue una falsa alarma. Una como muchas y como ninguna. Abrazas tu nostalgia y te acuestas a dormir entre lágrimas y sentimientos, te sumerges en un sueño, reflejo de tu ideal de vida en el subconciente, reflejo de tu sentir.
Inhala, exhala. Una acción de un segundo que hace bombear sangre a todo el cuerpo, llevando consigo oxígeno, glóbulos y sentimientos, ya rotos de nuevo.
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